María Gacio
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GUARDA Y CUSTODIA COMPARTIDA: CUESTIONES SIGNIFICATIVAS
06/05/2015
Breve análisis de la STS (Sala de lo Civil) de 16-2-2015 (Ponente: Sr.Seijas Quintana).
La Sentencia de la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo, de fecha 16 de febrero de 2015, de la que ha sido Ponente el Magistrado Sr.Seijas Quintana (recurso 2827/2013), reitera la doctrina jurisprudencial del Tribunal Supremo sobre la guarda y custodia compartida. 

La sentencia estima el recurso de casación interpuesto por la representación procesal del padre no custodio contra la Sentencia de la Audiencia Provincial de Cantabria –Sección 2ª- de 20 de septiembre de 2013, que casó y anuló, acordando la guarda y custodia compartida del hijo común del matrimonio.

A continuación destaco aquellas  cuestiones que, en mi opinión, resultan significativas. (Las negritas y cursivas, obviamente son mías).

Y así:

De un lado, la sentencia del Alto Tribunal, reitera su doctrina jurisprudencial, señalando que: “ La interpretación de los artículos 92, 5, 6 y 7 CC. debe estar fundada en el interés de los menores que van a quedar afectados por la medida que se deba tomar que se acordará cuando concurran criterios tales como la práctica anterior de los progenitores en sus relaciones con el menor y sus aptitudes personales; los deseos manifestados por los menores; el número de hijos; el cumplimiento por parte de los progenitores de sus deberes en relación con los hijos y el respeto mutuo en sus relaciones personales; el resultado de los informes exigidos legalmente, y, en definitiva, cualquier otro que permita a los menores una vía adecuada, aunque en la práctica pueda ser más compleja que la que se lleva a cabo cuando los progenitores conviven. Señalando que la redacción del artículo 92 no permite concluir que se trate de una medida excepcionalísima sino que, al contrario, habrá de considerarse normal e incluso deseable, porque permite que sea efectivo el derecho que los hijos tienen a relacionarse con ambos progenitores, aún en situaciones de crisis, siempre que ello sea posible y en tanto en cuanto lo sea”. (Vid.Fallo-4º).
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Además, considero destacable lo siguiente: 

1/ La  mención expresa de que la guarda y custodia compartida es: “(…) un sistema que no acaba de aceptarse y que con frecuencia se ignora (…) ”.

2/  Con cita de la STS de 15 de octubre de 2014 se indica, también, que se trata de un sistema “(…) que permite a cualquiera de los padres no sólo interesar esta forma de guarda, bajo el principio de contradicción, sino que le exige concretar la forma y contenido de su ejercicio a través de un plan contradictorio ajustado a las necesidades y disponibilidad de las partes implicadas que integre con hechos y pruebas los distintos criterios y las ventajas que va a tener para los hijos (una vez producida la crisis de la pareja), lo que no tiene que ver únicamente con la permanencia o no de los hijos en un domicilio estable, sino con otros aspectos referidos a la toma de decisiones sobre su educación, salud, y cuidado (…).”

3/ La sorpresa que le causa al Tribunal en el caso objeto de recurso, el hecho que no se hubiera adoptado la custodia compartida, cuando el régimen de visitas impuesto a favor del padre ya era amplio, y por tanto, el cambio para el menor era mínimo. Por eso, se dice en el último párrafo del Fundamento de Derecho Segundo que: “(…) sorprende que no se adoptara la custodia compartida puesto que el cambio para el menor sería mínimo y sin duda más beneficioso desde la idea, además, de que va a servir para normalizar sus relaciones con la hija de su padre, habida de una nueva relación sentimental”. 

4/ Y por último, pero no menos importante, con referencia a la sentencia del Tribunal Supremo de 19 de Julio de 2013, la reiteración de que: “ (…) se prima el interés del menor y este interés, que ni el artículo 92 del Código Civil ni el artículo 9 de la Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de Protección Jurídica del Menor, define ni determina, exige sin duda un compromiso mayor y una colaboración de sus progenitores tendente a que este tipo de situaciones se resuelvan en un marco de normalidad familiar que saque de la rutina una relación simplemente protocolaria del padre no custodio con sus hijos que, sin la expresa colaboración del otro, termine por desincentivarla tanto desde la relación del no custodio con sus hijos, como de éstos con aquél”.







MARÍA GACIO.
Mondoñedo, 6.5.2015










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